Si alguna vez tienes que pasar la noche en los pabellones de un hospital en la Ciudad de México, reza para no encontrarte con ella. En los fríos pasillos de lo que antes se conocía como el Hospital de San Pablo — hoy Hospital Juárez — deambula una figura impecable.
Eulalia y Joaquín
La leyenda habla de Eulalia, una enfermera profundamente apasionada por su vocación a principios del siglo XX, quien se enamoró perdidamente de un joven médico recién llegado llamado Joaquín.
Tras prometerle matrimonio, Joaquín desapareció del hospital y se casó en secreto con otra mujer, sumiendo a Eulalia en una depresión tan devastadora que dejó de atender a sus pacientes, permitiendo que muchos fallecieran por negligencia médica. Consumida por la culpa y la enfermedad, Eulalia murió en ese mismo hospital.
Los testimonios de madrugada
Hoy en día, cientos de pacientes afirman haber sido atendidos durante la madrugada por una mujer bella y amable, vestida con un uniforme antiguo perfectamente planchado. La describen como atenta, profesional, casi maternal. Algunos dicen que les ajustó la almohada. Otros, que les tomó la temperatura con manos frías pero firmes.
Lo verdaderamente aterrador ocurre a la mañana siguiente: cuando los pacientes intentan agradecerle, las enfermeras de turno les confirman que no existe ninguna empleada con esas características en todo el edificio. No hay registro. No hay nómina. No hay nadie.
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